“Yo puedo manejarlo”: Sobre la violencia, la independencia, y la capacidad en las relaciones de pareja

Publicado: 16 agosto, 2011 en Sin categoría

 

Traducido al castellano por el equipo de Sott.net

© Desconocido

I. A principios de 2001 un grupo de amigos que me habían presentado a mi novio en esos tiempos, me sentó en la mesa de la cocina. “Estamos preocupados por ti”, dijo uno de ellos. “¿Te ha golpeado?”

La respuesta en esa ocasión, fue no.

Diez meses más tarde, me encontraba en una sala de urgencias, la sangre goteaba desde mi nariz hasta la parte superior de mi pijama desgarrada, descalza en el frió de Noviembre. El recepcionista pronunciaba palabras que no tenían sentido para mí. Las únicas palabras que tenían sentido eran aquellas que se derramaban de mi boca una y otra vez, las únicas palabras que permitirían al recepcionista, a las enfermeras, a mis amigos y a mis padres saber que esto no era lo que parecía, que no soy una de aquellas mujeres, aquellas mujeres involucradas en relaciones abusivas, aquellas mujeres que no pueden ayudarse a sí mismas lo suficiente como para salir de ellas: Fui a la universidad, fui a la universidad, fui a la universidad.

II. Conocía los números, conocía las estadísticas. Sabía que el abuso en las relaciones de pareja no era exclusivo para mujeres muy blancas, o mujeres de color, o mujeres pobres, o mujeres heterosexuales, o simplemente para mujeres, punto. Sabía que las victimas de violencia podían amar a sus abusadores. Había leído estudios sobre mujeres: Había escrito un artículo en la revista de mi universidad acerca de como a pesar de la necesidad de programas como Take Back the Night y SafeRide (para los cuales fui voluntaria), también se fomentaba la noción de que la amenaza personal más grande para una mujer estaba fuera del hogar.

Pero en privado, sabia que las mujeres que caen presa de la violencia en una relación categóricamente No Eran Como Yo. Ellas no eran feministas, para empezar, o al menos no todavía. No eran independientes, versátiles, nacidas de padres liberales, Libres de ser Tú y Yo, cuyo mensaje principal era Tú mereces respeto. Francamente, pensaba que aquellas mujeres no eran tan inteligentes, por no dejar la relación tras ver las señales de advertencia. Imaginaba mujeres emocionalmente frágiles que simplemente no sabían defenderse mejor de sus bestiales abusadores – que horror, debemos hacer algo, pensaba mientras firmaba un cheque para el refugio local para mujeres.

Yo, desde luego, con educación universitaria, una mujer con estudios de especialidad, interina en la revista feminista Ms, tenía mucho más juicio de que la primera vez que me desperté con heridas a lo largo de mi torso, era porque habitamos “luchado”; que yo era parcialmente responsable de cualquier lío que hubiera ocurrido la noche anterior. Sabia que los objetos lanzados, las “peleas”, las amenazas telefónicas violentas, y la vez que escupió en mi cara eran signos de una relación inusualmente intensa – éramos gente intensa, teníamos esta energía que otra gente no podría entender, éramos explosivos y dinámicos y tú no puedes decir una palabra sobre la gente que ama de esta manera.

Conocía mis defectos, pero la incapacidad para ayudarme a mí misma no estaban entre ellos. Había viajado de manera independiente, me trasladé a la ciudad de Nueva York sin conocer ni un alma allí, y estaba llevando una vida en una industria competitiva. Cada vez que tenia un problema, lo resolvía. Podía manejar lo que fuera que se presentara en mi camino; no necesitaba un caballero blanco, o padres, o incluso amigos. Podía cuidar de mí misma.

“Puedo manejarlo”, le dije a mi jefa cuando lisa y llanamente me preguntó si mi novio me estaba pegando. “Puedo manejarlo”, le dije al camarero que me preguntó tranquilamente si iba a estar bien después de que le pidiera a mi novio que se marchara por haber empezado una pelea. “Puedo manejarlo”, le dije a la amiga en cuya casa tome refugio cuando mi novio me llamó a media noche y me dijo que iba a venir con un bate de béisbol.

Y la cosa es, que lo hice.

III. Cuando imaginamos el abuso, visualizamos el acto abusivo: la mujer en cuclillas en el suelo, un puño volador, una patada dirigida. Tal vez mi recuerdo de ese momento sería diferente si mi abuso hubiera sido más prolongado, o más grave, pero lo que recuerdo de esa época de mi vida no son momentos de violencia, sino la sensación de estar desconectada del mundo, envuelta en una gruesa capa de tela invisible que no podía retirar nunca. Estaba en medio de una neblina.

Me reportaba enferma al trabajo con frecuencia, o me arrastraba a la fuerza para ir después de noches de insomnio gastadas en varios estados de frenesí, que afortunadamente, ahora no puedo provocar. Olvidé las cosas más básicas: ¿por qué había entrado en la tienda de comestibles?, ¿cuánto era el alquiler?, mi propio número de teléfono. Seguro que era depresión, pero había estado deprimida antes, y esto era diferente. Esto era una niebla, no tenía ni idea de quien era, a donde había ido, o si debía regresar. Era una niebla creada por tener mi vida completamente reconfigurada para centrarme en el ojo de la tormenta – un ojo que parecía ser el único punto de claridad, sin embargo estaba distorsionado. Resulta que esto puede haber sido algo biológico: El abuso, incluso sin el resultado de estrés postraumático (el cual no tuve), puede cambiar las estructuras del cerebro; un par de abusos con estrés postraumático y obtienes un incremento en los niveles de cortisol y la fluctuación de otras hormonas.

Lo cual quiere decir que en muchos sentidos era incapaz de ayudarme a mí misma – algo que incluso años después, me duele afirmar. Pero ahí está: La niebla del abuso se aseguró de que mis emociones, instintos, y principios mutaran; cada onza de energía que tuve fue a esa relación y a mantener la apariencia general de cordura. Si de algún modo hubieras sido capaz de aterrizar mi yo saludable, el status-quo normal de auto-abofetearme en los peores momentos, dentro de mi relación. Habría salido inmediatamente. Por supuesto, así no es como funciona el abuso. El abuso es gradual; el abuso es sistemático. El abuso te cambia; el abuso te reduce. El abuso me llevó a mí misma fuera de mí.

Necesitaba gente a mi alrededor para estar mas alerta de lo que era capaz. Los necesitaba para no depender de mis indicaciones; los necesitaba para no dejarme llevar por mi palabra; los necesitaba para que no me trataran como si estuviera funcionando lo mejor posible, al máximo, con la parte más autónoma de mi ser. Hay un sentimiento dentro de la comunidad de prevención de abusos – y la comunidad feminista – de que debemos respetar la autonomía de las víctimas, y es un punto necesario cuando se combina con un conocimiento sólido sobre el abuso. Pero sin este entendimiento más completo, el respeto por la autonomía, puede caer fácilmente dentro de un enfoque de no intervención. Que cuando estás preocupado por alguien que está en medio de la niebla del abuso, puede caer en una realidad peligrosa.

© Desconocido

IV. Pemitanme ser muy clara: El feminismo no es el problema. Gracias al feminismo no sólo tenemos un nombre para la violencia que ocurre detrás de puertas cerradas, tenemos leyes – muchas de ellas buenas – que aseguran que los abusadores sean tratados como criminales, y no simplemente como “chicos malos”. Tenemos programas de intervención ante la violencia para ayudarle a los maltradores a que paren de abusar; tenemos programas para ayudar a las abusadas, incluyendo apoyo, educación, y apoyo económico después de que rompieron los lazos con quien abusaba de ellas.

El feminismo dio otro regalo al mundo: la idea de que las mujeres son capaces de cuidar de sí mismas. Mientras la institución del feminismo también ha dejado clara la importancia de la comunidad, su mensaje dual de soberanía personal puede ser fácilmente distorsionado: Debes cuidar de tí misma – y si no puedes, tal vez no seas tan independiente como tu piensas mujercita. Y mientras que la aceptación de la responsabilidad en nuestras situaciones es generalmente una buena vieja virtud estadounidense, en términos de abuso, esa “aceptación” puede significar perpetuar el ciclo.

Ciertamente, el giro de la independencia de la mujer es una de las máscaras que el abuso puede llevar ahora que básicamente hemos asegurado que las mujeres son, efectivamente, criaturas capaces y autónomas. Hace dos generaciones, las víctimas podrían haber tenido problemas al identificar la violencia en una relación porque las palabras no existían, era considerado un asunto privado: Eso es el matrimonio cariño, tienes que tratar con ello. Hoy en día, conocemos las palabras, podemos incluso ser eruditas en cosas como el ciclo de violencia, simplemente no pensamos que se aplique a nosotras.

“Algunos investigadores creen que debido a que las mujeres jóvenes de hoy en día se sienten invulnerables en las relaciones, en realidad ellas podrían intentar hacerse fuertes por sí mismas en lugar de pedir ayuda cuando las cosas se ponen mal”, escribió Liz Brody en un reportaje de la revista Glamour en Junio de 2011 sobre la violencia en las relaciones. ( Nota: Soy freelance de Glamour y de hecho copio y edito este artículo – el cual es excelente, y que no mencionaría en absoluto si no pudiera corroborar cada palabra de este). “‘Ellas nunca creen que están en una historia parecida a la de Tina Turner ‘ dice Kenya Fairley, mánager del programa para el Centro Nacional de Recursos sobre la Violencia Doméstica, ‘porque ven los incidentes iniciales del abuso del mismo modo en que ven los obstáculos con los que están tratando en el trabajo. Así que si un novio la critica, piensa, puedo manejarlo, como ella hace con su jefe. Las mujeres de hoy en día mantienen la gestión de los abusos hasta que la necesidad de pedir ayuda para salir llega demasiado lejos.’ ”

El estribillo de la responsabilidad individual que subyace a esta creencia, tiene una larga historia de ser también uno de aquellos argumentos anti-feministas que en ocasiones se enmascara como feminismo: Vea también el Foro de Mujeres Independientes (Independent Women’s Forum), Katie Roiphe, y tal vez incluso Naomi Wolf, que proclaman que “el núcleo del feminismo es la elección individual y la libertad”. La idea de que el feminismo es equivalente a la soberanía personal también es muy útil cuando una feminista – esta feminista, para ser exactos – está en la mitad de un huracán, incapaz de ver nada salvo las gotas de lluvia individuales que, juntas, componen la tormenta.

Tiene sentido que fuera incapaz de ver que lo que yo pensaba que era “manejar” la situación, en realidad, la versión 2001 de la chica-liberada de ” el me pega porque me ama”. El abuso “funciona” porque la víctima lo interioriza. Yo nunca iba a interiorizar la idea de que el me hacia daño porque el me amaba; Sin embargo, podía creer que debido a que el abuso le sucedía a mujeres débiles y yo no era débil, mi situación era eso – una “situación”, sin abuso.

V. “Eres una mujer fuerte”. “Bien, Autumn, claramente has pensado en esto.” “Conoces tu propia mente.”

Oigo decir esto a personas que me rodean, algunas feministas, otras no. Es lo que pienso que quiero oír: soy fuerte, soy invencible. Puedo manejarlo. Su confianza, en mi juicio, habla de sus esfuerzos por respetar mi autonomía, no actuar como si ellos pensaran que conocen mejor que yo lo que respecta a mi propia vida. Ellos no confían en él – dejaron eso claro – pero confían en mi.

Lo que ellos no sabían (lo que ellos ni siquiera podían haber sabido, lo que yo no sabía) era lo incapaz que era durante ese tiempo. No culpo a mis amigos por no tomar una posición más fuerte. Después de todo, ellos estaban intentando seguir mis instrucciones, la cuales eran confusas en el mejor de los casos y hostiles en el peor. Alejé a mucha gente durante ese tiempo; era obstinada, defensiva, hiper-protectora con mi novio. Y el abuso nunca es fácil de tratar, en parte por las falsas ideas que lo rodean, y en parte porque incluso si sabemos totalmente bien que es un problema social, discutiéndolo se convierte en un asunto intensamente privado. Es fácil hablar acerca de la necesidad de que la comunidad feminista actúe y destruya las formas en que nosotros como cultura reforzamos las actitudes violentas hacia las mujeres. Y otra cosa distinta es mirar a tu amiga – que insiste de sobremanera que puede cuidar de sí misma – decirle, “en realidad, no puedes”.

La vez que alguien dijo algo remotamente parecido a eso, alrededor de la mesa de la cocina, funcionó – y luego no lo hizo. Fui a casa, llamé a mi novio, le dije que se acabó. Apareció en mi apartamento llorando, diciendo que me necesitaba. Aquellos amigos “la tenían tomada” con él, comentó; ellos lo habían odiado todo el tiempo; ellos no querían que ninguno de los dos fuera feliz. Ellos no podían ver la relación tan especial que teníamos.

Al día siguiente hubo otra llamada de teléfono: Sigo con él, gracias por vuestra preocupación, puedo manejarlo. Fue rápida, corta, hasta el punto – al igual que lo fue cada salida social que tuve con aquellos amigos preocupados durante los siguientes meses, hasta que finalmente me di cuenta de que no era que él no fuese bueno para mi, eran ellos, ellos no conocían mi yo real, ellos no me comprendían. Ellos la tenían tomada conmigo.

Y en la exasperación – quizás tristeza, daño, rabia, frustración, no lo se -, ellos no intentaron tener esa conversación conmigo otra vez. En vez de eso, cada uno de nosotros permitió que creciera un pequeño muro de hormigón entre nosotros. Ese muro florecía cada vez que ellos preguntaban con una frágil sonrisa, ” ¿Entonces, como va la cosa con él?” y yo respondiera “Bien” con mi crispada sonrisa, y algunas veces empezaríamos a hablar acerca de otra cosa rápidamente, algunas veces tomaban eso como mi señal para marcharme, y en ocasiones habría una astilla de calma incómoda, durante la cual ellos podrían decir, “Bien, Autumn, seguro que sabes lo que haces”, y los alaridos y gritos de la torcida niña dentro de mi serian silenciados por el rayo de mi sonrisa al aceptar el cumplido.

El muro creció y creció hasta que ya no pude verlos más.

VI. El sistema no me falló. De hecho, el sistema ganaría poco más que elogios de mi parte: Minutos después de que entrara en esa sala de urgencias, mi abusador fue detenido. Me ofrecieron servicios de apoyo (que, por supuesto, yo rechacé); de hecho, el estado estableció una orden de protección judicial contra él, sabiendo completamente bien que yo no lo habría hecho por mí misma. El mandato de la corte lo envió a un programa de intervención de abusadores, que tuvo éxito, a pesar de que me tomó años dejarlo para siempre, nunca me amenazó o dañó físicamente de nuevo. (También, a través del mandato de la corte, fue enviado a consejería sobre alcohol, que fue infructuosa en términos largos, pero lo mantuvo sobrio durante toda el programa de intervención contra la agresión.) Mi caso es un modelo de como el sistema puede y debería funcionar.

Sin feminismo, el sistema estaría donde estaba hace décadas – por ejemplo, en Nueva York, el mismo estado que tomó medidas inmediatas contra mi agresor, la violencia era aceptable como causa de divorcio, solamente si la víctima podía demostrar que habían ocurrido un número “suficiente” de palizas. Por ese motivo, y por una variedad de otras razones – la más notable, el largamente mantenido énfasis feminista sobre la comunidad y la hermandad sobre el feminismo individualista que fácilmente puede ser deformado para significar “cada chica se las arregla sola” – queda claro que el feminismo no era el problema aquí. El abuso era el problema. Él era el problema aquí.

Pero a veces no puedo evitar preguntarme: ¿Qué habría sucedido si mi independencia, mi competencia, mi autonomía, y si mi feminismo no hubiera sido un hecho asumido?¿Qué hubiera pasado si no fuera conocida como la mujer en pleno juicio, que co-organozó la marcha del campus Take Back the Night y que posiblemente no podía ser una víctima de una relación violenta? ¿Qué hubiera ocurrido si no hubiera interiorizado la necesidad de ser independiente cuando en realidad no era capaz de serlo?; ¿qué hubiera pasado si mis amigos me hubieran visto menos fuerte, menos capaz en cada momento, menos autónoma? ¿Qué hubiera pasado si todos tuviéramos una plantilla más amplia que mostrara que la vulnerabilidad era un estado válido para una feminista que su fuerza e invencibilidad?

¿Qué hubiera pasado si cualquiera de nosotros hubiera reconocido mejor que yo no podía “manejar la situación”? ¿Qué hubiera pasado si la gente en mi vida hubiera entendido mejor que el feminismo, la independencia, y la autonomía no creaban un abrigo de protección alrededor mio, y hubieran estado preparados para mirarme a los ojos y responder a mi “yo puedo manejarlo” con un “No, Autumnm no puedes. Pero juntos podemos“.

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